El gran culombiano

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Eric Fischl

Con la elección de Álvaro Uribe como el «Gran Colombiano», algunos patriotas se han declarado sorprendidos y algunos indignados; otros, menos visibles en las redes sociales, están de acuerdo con el resultado. A mí, la verdad, me tiene sin cuidado, pues no creo que signifique nada. Lo que me molesta un poco son los nombres que acompañan al ganador en su lista de gloria histórica. Los que casi ganaron, pero no.

Aquí enumero a algunos, comenzando por el segundo puesto: Jaime Garzón, Manuel Elkin Patarroyo, Gabriel García Márquez, Antonio Nariño, Policarpa Salavarrieta, Simón Bolívar, Rodolfo Llinás, Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán. Ése es el Top 10. Falcao es 11 (¿él no debería ser el 9?), seguido por Juanes y Shakira; luego están Mariana Pajón y el Pibe Valderrama.

Y bueno, Yamid Amat está de veinticuatro.

Aquí viene mi reclamo: los criterios del concurso son vagos. Está perfecto que haya ganado Uribe, al fin y al cabo, él sí representa al típico colombiano. Sin embargo, para que la lista tuviera lógica, los perdedores deberían ser otros. Consistencia interna, se llama eso. Falcao y el Pibe son deportistas, Patarroyo y Llinás son científicos, Gabo y Garzón son genios de la palabra, Shakira y Juanes son… bueno, cabrían en la misma categoría de, digamos, músicos de tres pesos.

Incluso Gaitán y Galán van bien juntos, comenzando por que sus nombres riman. Y también porque los mataron unos que sí cabrían perfectamente en la misma lista de Uribe.

Rafael Núñez, en la parte más baja de la tabla (está de 17), es tal vez el único de esta gelatinosa amalgama de colombianos «grandes» que merece estar acompañando al gran Uribe. Núñez es, sin duda alguna, un grande de la historia colombiana, sobre todo por su cercanía con la Iglesia católica, su moral ultraconservadora y su afán por reelegirse cuantas veces se lo permitiera la constitución. Sí, señor, como Uribe, excelente asociación.

Además, Rafael Núñez casi escribió de su puño y letra esa constitución de 1886 que nos rigió por más de un siglo, que es el tiempo que tendrá que pasar, como mínimo, para que los colombianos superen el legado moral de Álvaro Uribe, el de decir una cosa y hacer otra, romper la ley y encubrirlo con maestría, rotular al pensador disidente como bandido y guerrillero, polarizar el país con radicalismos facilistas y odios irracionales. Gracias, señor presidente.

De hecho, me sorprendió no ver en la lista a otros colombianos que son tan grandes como Uribe, incluso más. Piense: si usted tiene la posiblidad de viajar al exterior y un extranjero se entera de que usted es colombiano, no se le ocurrirá decir, «Oh yes, Colombia, Fernando Botero», ni «Ah oui, la Colombie, Jaime Garzón». No. El 99% de los torpes cerebros extranjeros (y no son torpes por ser extranjeros, sino por ser humanos) generará el siguiente comentario, acompañado de una sonrisa burlona: «Ooohhh, Columbia… Pablo Escobar». Maldita sea, gringo pendejo, que no es Columbia: es Culombia.

Pablo Escobar es un grande que cumple con todos los criterios de un listado que soporta el pesado nombre de Álvaro Uribe. Figuras públicas. Historias ambiguas. Discursos irracionales. Procesos legales inconclusos. Juegos de intereses y conveniencias. Manipulación de las leyes. Fama en el exterior. Asociaciones erróneas. Crímenes encubiertos. Polémicas innecesarias. Amores y odios. Sobre todo, amores y odios. Usted mira la foto del que sea, y lo ama o lo odia, una de dos. No hay grises, no hay puntos medios porque no hay pensamiento crítico. Solo hay afectos y anécdotas históricas sacadas de contexto.

Y es éste, precisamente, el criterio que sirvió de base para la conformación del polémico listado del «Gran Colombiano»:

«Estimado televidente, producto del dudoso sistema educativo colombiano, ese que no enseña a pensar ni a investigar sino a seguir uno de los tantos rebaños ideológicos que llevan dirigiendo el futuro del país desde hace cinco siglos, lo invitamos a que invierta algunos minutos de su apreciado tiempo para elegir al “Gran Colombiano”, es decir, al personaje que, en su pobrísimo criterio, representa de la mejor manera posible la triste parodia de su desgarrado país. No piense, solo diga el primer nombre que le venga a la cabeza al oír la palabra “Colombia”».

«Ooohhh, Culombia… Álvaro Uribe».

El problema no es el ganador sino los perdedores. Grandes colombianos del estilo del expresidente Uribe hay cientos de cientos en Colombia. Yo ya propuse el mío, ahora le toca a usted: ¿cuál es el suyo?

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Eric Fischl

¿Le gustó este texto? Tal vez le guste La casa de las bestias, disponible en la Librería Lerner y otras librerías de Colombia.

Publicado en Kien&Ke el 26 de junio de 2013
@nykolai_d

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Comments
3 Responses to “El gran culombiano”
  1. Boris Wolkow dice:

    Yo eligo al Ché Guevara, ese que estudia en la nacho (Universidad Nacional por si no me siguen) y sale en la camiseta de todos los hippies europeos. Muchos dicen que es cubano, pero yo sé que no!!! tanta valentía sabemos de dónde viene.
    El segundo puesto es para nuesto heroe Gran Colombiano: ni más ni menos que Hugo Chaves.

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  1. […] bebé real de los duques de Cambridge, ni de la muerte del gran Steve Jobs, ni de la elección del Gran Colombiano, y ya se está pasando el revuelo por la destitución de Petro. Menos mal la gente olvida, sobre […]



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