20 de julio: calzoncillos tricolor y motosierras

¡Hoy conmemoramos nuestra independencia! Pero qué felicidad, no tenemos que pedirle permiso a nadie para colocar la bandera a la entrada de la casa, cantar el himno nacional a todo pulmón con la mano en el pecho y celebrar los goles de Falcao en el Mónaco. ¡Eso es ser colombiano, juepucha!

Los colombianos somos apasionados, emprendedores, alegres. Los más felices del mundo. «¿No somos los segundos más felices?», me pregunta un amigo despistado. No sea bruto, hermano: somos los más. Seremos terceros en niveles de desigualdad, pero en felicidad somos los primeritos.

Nos gusta la música, la rumba y el aguardiente. Unos traguitos antes de salir a llevar a los amigos a sus casas en el carro de la mamá, pero hay que cuidarse, no y sea terminemos clavándonos contra un taxi con un par de peladas dentro. Nadie quiere matar a nadie por accidente: aquí matamos con intención y bien planeado. No habrán sacado la escala todavía, pero en esa categoría seguro los colombianos somos Top Five, porque Colombia is passion, my amigo.

Aquí hay mucho para mostrar. Biodiversidad, cultura, enormes edificios con gente rica haciendo más y más plata cada día, calles consumidas por la miseria más profunda que usted, querido turista europeo, ni se imagina que existe. Contrastes, se llama eso. A mucho orgullo, aquí los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez son, por así decirlo, menos ricos. Y las mujeres están muy ricas, ¿sí ha visto las publicidades de cerveza y ron? Y las de empanadas y arepas, ropa, gaseosa y puestos de mantenimiento de su PC. El otro día pasé al lado de un taller que tenía una foto de severa mona tetona junto a un letrero: «Le arreglamos su moto». Aquí se la dejo, mamita rica, para que me deje bien ajustadita la moto de mi mamá.

Ahora bien, los colombianos seremos gozones y parranderos, pero también somos buenos cristianos. En Colombia, Dios de verdad está en todas, todas partes: las iglesias, los colegios, el senado y el congreso, la televisión y el radio, los partidos de fútbol, la institución militar, los festivales de Gospel financiados con dineros públicos… hasta por los parques se pasea Dios, disfrazado de cura que ama a los niños. «Dejad que los niños vengan a mí», dijo el hijo consentido de ese dios del Antiguo Testamento, ese que vive de mal genio, lanzando llamas por doquier; ese que quemó Sodoma y Gomorra, alias Jehová, alias Yahvé, alias El Patrón, ese que está en cada esquina… Si no, ¿de dónde viene tanta plaga? Samperes, Pastranas, Turbays, Laureanos, Uribes, Santos, Morenos, Petros, Nules y Amparo Grisales; las diez plagas de Egipto, versión Colombia… ¡alabado sea el Señor!

Solo falta que seamos un país en paz. Pero ya viene, seguro, ya viene la paz. En serio: el señor Presidente ha dejado de asistir a varios cocteles para reunirse con los revolucionarios de las «Far» (así los llamaba su predecesor, el otro hijo de Dios, nuestro Gran Colombiano). Qué buena voluntad han mostrado todas las partes: el gobierno, los rebeldes, la iglesia, los gringos, trabajando juntos por la buena causa de recuperar las partes faltantes de todos y cada uno de los campesinos tajados en pedacitos por los machetes, motosierras y minas quiebrapatas de los actores armados de esta taquillera película llamada «Colombia es pasión». Y me perdonarán que reincida con esto, pero es que no he visto mejor campaña publicitaria en todo el mundo. Colombia is passion.

O tal vez me equivoque. Sí, me equivoco: los gringos (quiénes más van a ser sino nuestros amados gringos) tienen en Nueva York un museo conmemorativo de los atentados del 9/11 que es ¡absolutamente di-vi-no! Cachuchas, camisetas, llaveros, calcomanías, escuditos, afiches, calzoncillos y medias con creativos diseños que recuerdan el triste día en que Estados Unidos fue atacado por los terroristas. Aquí también tenemos muchas historias de terror, pero no hemos sabido aprovechar la oportunidad como nuestros papás norteamericanos. Y qué mejor manera de celebrar un nuevo aniversario de la independencia que proponiendo nuevas ideas para complementar la exitosa campaña «Colombia es pasión».

Podríamos, para comenzar, pensar en camisetas con imágenes de carros destruidos por conductores ebrios, para conmemorar esa triste realidad que nos azota por ser una nación tan alegre y rumbera. Un par de ataúdes y madres llorando podrían complementar el diseño y, en la parte de atrás, un juez pronunciando la palabra «¡Inocente!» para darle un toque de humor al dibujo.

Las cachuchas podrían tener rostros de algunos dolientes de nuestra cultura, ligeramente intolerante: Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán y Jaime Garzón son algunas opciones. Los llaveros podrían tener forma cilindro de gas para conmemorar la masacre de Bojayá del 2002, o de motosierra para no olvidar esa época de valiente lucha contra el terrorismo de nuestro glorioso presidente Uribe. Las calcomanías podrían representar al icónico burro-bomba colombiano o a personajes importantes de nuestra historia legislativa, diga usted, el procurador Ordóñez, monseñor Rubiano, el senador Gerlein, al lado de la imagen de una mujer en el suelo con las piernas abiertas luego de haber sido violada con una Biblia de pasta dura.

En fin. Siendo el colombiano un ser tan ingenioso, tan vivo, tan emprendedor, es increíble que todavía no haya salido con la idea de un museo conmemorativo. El museo sería, además, una fuente de ingreso adicional para que haya bastante plata para regalarles a las multinacionales que llegarán muy pronto, con todos los TLC que está firmando el presidente Santos desde que se compró un bolígrafo nuevo.

Colombiano: ¿ya tiene planeado cómo va a celebrar los 203 años de independencia de su país? ¿Usando la camiseta de Andrés Escobar con un par de tiros en la espalda? ¿Decorando su atuendo de párroco de barrio con un collar-bomba? ¿Llevando una manilla hecha de dientes de niños víctimas de Garavito?

Le propongo que use unos calzoncillos tricolor que podrá bailar y sudar en el sancocho familiar de celebración. Más tarde, podrá quemarlos y poner las cenizas en el museo conmemorativo, al lado de las de aquellos colombianos que murieron valiente o cobardemente, justa o injustamente, por una bala perdida o dirigida, conduciendo borrachos o atropellados. Igual, da lo mismo, pues en Colombia la vida no vale mucho. Feliz día de la independencia.

bandera_corferias

Publicado en KienyKe el 20 de julio de 2013
@nykolai_d

¿Le gustó este texto? Tal vez le guste La casa de las bestias, disponible en la Librería Lerner y otras librerías de Colombia.

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Comments
One Response to “20 de julio: calzoncillos tricolor y motosierras”
  1. Boris Wolkow dice:

    Burro-bomba? tenaz…repaila… y cómo está el burro?

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