Fábula de la mirla y el pastor

Hoy vi a una mirla cazar una golondrina. Primero, la persiguió durante varios minutos picoteándola con violencia. Luego, la picoteó todavía más hasta matarla. Por último, la agarró por la cabeza y la sacudió furiosamente hasta decapitarla.

No exagero un centímetro. Al parecer, las mirlas tienen dentro de su repertorio normal de conductas el atacar con bastante violencia a pájaros más pequeños. El proceso completo duró unos diez minutos. Al final, la mirla se fue volando dejando tras de sí el cadáver sin cabeza de la golondrina.

Lo curioso es que, siendo ésta una simple manifestación de las leyes más básicas de la naturaleza, la imagen que vino a mi cabeza fue la de un humano torturando a otro. Un guerrillero encadenando a una niña secuestrada. Un soldado asesinando a un adolescente y presentándolo como guerrillero muerto en combate. Un paramilitar estrenando su motosierra nueva.

Ayer estuve en un matrimonio. El pastor que dirigió la ceremonia (era un matrimonio protestante) hizo especial énfasis en la importancia de reconocer al varón como la cabeza de familia. El hombre ―dijo― debe amar a sus mujeres (esposa e hijas) como Cristo amó a la Iglesia y ellas deben, ante todo, someterse a él y respetarlo. Y si un día hubiere desacuerdos en la pareja, la mujer debe doblegarse a la voluntad del hombre, dejarlo decidir como lo haría el gerente de una multinacional con su empresa.

Tampoco exagero un centímetro aquí. El pastor utilizó palabras como «sumisión» y «obediencia» en repetidas ocasiones, y no con la intención de generar reflexión o debate. La ceremonia completa duró casi una hora. Al final, los asistentes rumbeamos y comimos mientras el pastor se alegraba de haber promovido una vez más la profunda sabiduría de los Evangelios.

Lo curioso es que, siendo ésta una simple manifestación de uno de los rituales más antiguos del ser humano, la imagen que vino a mi cabeza fue la de un animal doblegando a otro para matarlo. Una orca desangrando a un león marino. Un perro sometiendo a otro por la yugular. Una mirla decapitando a una golondrina.

Pero tal vez no. Tal vez me equivoque. Tal vez los seres humanos no seamos tan crueles como otros animales. Tal vez los Evangelios estén llenos de enseñanzas importantes sobre el matrimonio. Tal vez la mujer solo pueda ser feliz si se somete y obedece a su marido. Tal vez las golondrinas decapitadas puedan volar libremente por los aires.

Igual, el uso de la cabeza está sobrevalorado hoy en día. Lo sabe la mirla. Lo sabe el pastor.

Imagen: Martin Eder

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