La marcha farsante

Nunca he creído que las marchas sirvan para algo, aunque a veces me encuentro con casos que demuestran que me equivoco, como la reciente marcha organizada por los estudiantes contra la reforma a la ley de la educación. Sin embargo, en general, el acto de marchar es netamente simbólico y no sirve sino para que el ciudadano promedio sienta que está haciendo algo. Un placebo, una pildorita de altruismo para sentirse mejor consigo mismo antes de regresar a una vida de apatía voluntaria y rectitud conveniente.

La marcha del martes 6 de diciembre no es una protesta contra las Farc ni contra la violencia; todo lo contrario, defiende un facilismo político e intelectual sin límites. Al ser apoyada por el presidente Santos pierde, de entrada, toda legitimidad: no se puede marchar en contra de uno de los actores del conflicto y omitir deliberadamente a los demás. No se puede olvidar, porque sí, que Santos estuvo ligado al escándalo de los falsos positivos mientras era ministro de defensa de uno de los presidentes más sucios de la historia de Colombia. Marchar el martes es apoyar las razones de este camaleón de fusil en mano y sonrisa plástica.

La marcha del martes solo polarizará más al país, porque si usted no marcha ―ya lo están diciendo en foros y artículos en línea― usted no quiere la paz de Colombia, usted es un aliado de las Farc, usted participa en orgías con Piedad Córdoba, usted es un negro hijueputa y un miliciano de la narcoguerrilla. ¿No me cree? Lea por usted mismo los comentarios de los peones del uribismo en esta editorial.

La marcha del martes no está basada en razones, sino en pasiones descerebradas. La idea, dicen, se originó en el asesinato de los cuatro militares que llevaban más de diez años secuestrados en manos de las Farc. Un acto despreciable y cobarde esos asesinatos, como lo fueron, otra vez, los falsos positivos, y como los son, todos los días, los tiros de gracia de las bacrim, y como lo han sido, desde hace años, los juegos con motosierra de los paras… los paras ¿se acuerdan? ésos que nacieron de las Convivir bajo la batuta del entonces gobernador de Antioquia, Uribe… Uribe ¿Se acuerdan? ése que fue jefe de Santos, el mismo que ahora  promueve y apoya la marcha del próximo 6 de diciembre.

¿Necesita más razones para no marchar? Aquí va otra: la marcha la convoca, además del gobierno, RCN… RCN ¿les suena? esa medio que fue noticia la semana pasada por cuenta del lúcido monólogo de su director, Pacho Santos, quien salió a decir que a los estudiantes habría que reducirlos con medios de “represión legal”, estrenando las picanas eléctricas del Esmad. El Esmad ¿lo conocen? ese grupo de muchachos vestidos de Robocop que no suelen tener reparos en levantar a pata y a bolillo a quienes se les paren delante.

(Posiblemente el Esmad también apoye la marcha del martes porque, si no hay nadie marchando, no hay a quien reprimir legalmente: se quedarían desempleados).

Si se va a protestar, habría que protestar contra la violencia en todas sus formas, provenga ésta de donde provenga: el Estado, la guerrilla, el crimen organizado. Habría que protestar contra la muerte del estudiante grafitero en manos de la policía y contra la desigualdad creciente en el tercer país más desigual del mundo, y uno de los más corruptos. Habría que protestar cada vez que un acto deplorable ocurra, no solo cuando una operación militar salga mal y las Farc asesinen a sus secuestrados.

Y de paso, habría que protestar contra la estupidez del manifestante promedio quien, después de engullir entera la pildorita del altruismo, volverá a su mundana dinámica de peluquería hablando sobre lo realmente importante en Colombia: el reinado nacional de belleza, el ganador de Yo me llamo, los goles de Falcao en el Atlético, el culo deforme de Jessica Cediel.

Así pues, ésta es mi protesta formal contra la pereza intelectual, el facilismo político y el altruismo ridículo del idiota útil que marcha para sentirse bien consigo mismo. Ésta es mi protesta formal contra la marcha farsante del próximo 6 de diciembre.

Si le gustó esta diatriba, tal vez le guste:
Tumores benignos tumores malignos
No te atrevas a ofenderme pedazo de hijueputa

Imágenes:
Paul Chatem

Publicado en Kien&Ke el 4 de diciembre de 2011

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Comments
4 Responses to “La marcha farsante”
  1. David Osorio dice:

    Nicolás, yo tengo mis propias razones para dudar de la marcha (que a veces coinciden con las suyas: no sirve de mucho) pero hay argumentos con los que no estoy de acuerdo.

    Por ejemplo, ha habido marchas contra los falsos positivos y el paramilitarismo y ha estado bien, así en ellas no se denuncien las atrocidades guerrilleras y de las Bacrim. Del mismo modo debe poder haber marchas contra la guerrilla sin que sean señaladas de ser parcializadas (de hecho, la primera razón que encontré en contra de esa marcha es que al principio dijeron que era contra toda la violencia en contraposición a los que alegaban que sólo fuera contra las Farc).

    Ahora, lo de la oposición a toda la violencia… en teoría suena paradisíaco, sin embargo creo que la realidad es un poco menos utópica: el Estado, necesariamente es la aplicación coercitiva de la ley, la aplicación justificada de la violencia (en teoría). Resulta paradójico pero desde que apareció el Estado e intervino en la sociedad, la violencia ha disminuido. Proponer la oposición a “todos los actores del conflicto” tiene dos implicaciones: primero, se pone al mismo nivel al Estado que a los delincuentes. Y segundo, nos saca a nosotros, la población civil (en últimas, representada por el Estado), del conflicto, lo que no puede ser porque también somos víctimas. Han sido nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros periodistas los que nos han sido arrebatados. Ha sido a nosotros a quienes se nos ha restringido la posibilidad de conocer en toda su extensión las maravillas naturales que nos ofrece el país.

    Creo sinceramente que la anarquía es una muy buena propuesta teórica, pero ella implica mucho autocontrol y disciplina, que por cuestiones de su inexistencia, hacen todavía necesario al Estado.

    Y gústenos o no, estamos representados por ese Estado (que por supuesto, ha cometido errores y muy graves, pero eso no lo hace un emporio criminal como sí lo son las Farc, los paras, el ELN y las Bacrim). Estado mal que bien legítimamente constituido con un gobierno más o menos democráticamente elegido, en teoría acatador y ejecutor de la ley y la Constitución (lo que constituyen garantías para nosotros). Así que no es justo ponerlos al mismo nivel de los terroristas y sacarnos de la ecuación. Los Estados están facultados para hacer uso de la fuerza para preservar el orden (todo esto, claro, apegados a la ley).

    En cuanto a Santos, quien no es santo de mi devoción, algunas precisiones. Primero, él no fue ministro de Uribe durante todos los ocho años; sólo al final. Segundo, las revelaciones de WikiLeaks pusieron de manifiesto que al enterarse de la odiosa y criminal política del conteo de cuerpos (puesta en movimiento inicialmente por Camilo Ospina, predecesor en el Ministerio de Defensa), Santos quiso terminar con esa política, pero Uribe insistió en mantenerla.

    En cuanto a RCN: sí, Facho Santos es un imbécil, pero lo que dijo lo hizo de manera editorial y a título personal, por lo que RCN no puede ser acusado de apoyar las imposturas del tipejo ese. Si lo despidieran, se estaría consolidando (más) el hecho de que en Colombia la libertad de expresión va hasta donde los puntos de vista expresados deben estar en consonancia con las directivas de los medios de comunicación, lo que resulta en censura. La derecha, por fascista que sea, está en todo el derecho de expresar su supina ignorancia.

    Por último, me permito invitarlo a una reflexión: una posición no es condenable por coincidir con alguien, o porque alguien la apoye (si Hitler hubiera dicho que el acceso a la educación debía ser gratuito y de calidad, habría estado en lo correcto en eso, por muy Hitler que fuera). Alguna vez usted me dijo que yo por qué usaba el término terrorista si era usado por Bush y Uribe. Mi respuesta se mantiene: porque estoy plenamente convencido de que las Farc y Al-Qaeda son terroristas (siembran terror por medio de las armas) y ese hecho no cambia por más que se trate de imputar a esos dos personajes de haber acuñado el término -afirmación bastante alegre, por cierto-. Hoy vuelvo a encontrar que usted formula un argumento similar: porque Santos/Uribe/RCN apoyan la marcha es razón para no marchar. Lo siento, pero no comparto esa forma de pensar. Sí, Uribe me cae como una patada en el hígado, pero si dice que a los terroristas hay que acabarlos por la vía armada, está acertado en eso, por muy Uribe que sea (que, básicamente esa fue su única promesa de campaña, la cual no cumplió, por cierto…).

    Un saludo,

    Estamos hablando,

    -D

    • Nykolai D. dice:

      David, tiene razón en que resulta paradisiaco e irreal hablar de una marcha en contra de “toda forma de violencia”. No creo que ésta sería viable ni creo que serviría para mucho tampoco. Pero debe aceptar que, desde el principio de nuestros intercambios, su visión del Estado es bastante utópica también. En teoría (usted mismo lo alcara, lo que me parece bien), el Estado debe proteger al pueblo, debe atenerse a la ley para imponer el orden, así sea por la via de la fuerza. Pero este Estado colombiano no se atiene a la ley, no protege a la población y sí acude a las armas para que terminen favoreciéndose los intereses de una élite política y económica. Este Estado no merece credibilidad, si bien -en teoría- debería cumplir con una serie de deberes propios de un Estado justo.

      Dice, “gústenos o no, estamos representados por ese Estado”. No estoy de acuerdo. Me parece un error dar por sentado que las cosas son de cierta manera porque en teoría deberían serlo así. Yo no acepto que este Estado me represente, ni creo que represente al pueblo, ni creo que lo proteja como en teoría debería hacerlo.

      Las precisiones que hace sobre Santos son importantes. Queda por definir si las razones por la que decidió suspender esa política que Uribe insistió en mantener fueron digamos “nobles”, o inspiradas en intereses de índole personal. El individuo es bien conocido por ser más hábil que Uribe en el terreno de lo políticamete conveniente, eso mal llamado “diplomacia”. Yo no confío en Santos y creo que, por el hecho de convocar y apoyar la marcha del martes, hay razones de sobra para no marchar. Restarle importancia al hecho de que él apoya la marcha es desconocer que este apoyo responde a intereses políticamente convenientes, por ejemplo, la anulación de la oposición. Marchar el martes es aceptar el paradigma de “unidad nacional” introducido por Santos; casi se puede afirmar que marchar el martes es apoyar a Santos.

      ¿Le parece una falacia este razonamiento? Piense si le parecería coherente una marcha convocada por la Iglesia católica en contra de los curas pederastas. Quién convoca la marcha sí es importante.

      Respecto a su reflexión final y siguiendo con la misma línea de pensamiento, yo creo que una posición sí puede llegar a ser condenable dependiendo de quién la apoye, pues el lenguaje no tiene un sentido unívoco: el sentido de una misma afirmación cambia dependiendo de quién la pronuncia y en qué contexto. “La educación debe ser gratuita” es una afirmación que comparto 100% sobre el papel, es decir, en el plano teórico. Pero cuando la pronuncia Hitler su sentido está sujeto a cambiar, porque necesariamente traerá consigo implicaciones ligadas a los intereses políticos y personales del Führer. Habría que ver cuáles concretamente.

      Ocurre lo mismo con el término “terrorismo”. La palabra está ligada a contingencias históricas y políticas que la distancian de su sentido estrictamente teórico, y eso hay que tenerlo en cuenta cuando se decide utilizarla. No estoy diciendo que haya que evitar por completo ciertas palabras, pero sí hay que contextualizarlas y tener prudencia al recurrir a ellas, pues su sentido varía en función de muchos factores de índole político e histórico. Las cosas hay que analizarlas en contexto porque el mundo no es teórico ni unívoco, sino práctico y equívoco.

      Un saludo para usted, sígase pasando.

      Nicolás.

      • Nicolás, me alegra debatir con usted. Es de las pocas personas claras, coherentes y racionales a la hora de exponer contraargumentos a mis puntos de vista.

        Procedo a respondérselos:

        Es cierto, yo parto desde la teoría de lo que debería ser y hacer el Estado, pero no me parece que sea utópico. Utópico es pensar que si el Estado se despoja de sus Fuerzas Armadas vamos a estar mejor. Pero el modelo que digo que el Estado debería seguir no es que sea producto del pensamiento mágico sino del imperio de la ley. Por Constitución tenemos el derecho a que el Estado se acoja a las leyes y el hecho de que no lo haga significa que es nuestra obligación ciudadana hacer el llamado para que corrija su curso de acción y se ciña a la ley (que no es que esté en el mismo nivel de utopía que decir que ahora funcionaría el ‘comunismo por exceso’).

        Creo notar (corríjame si me equivoco) cierto absolutismo algo maniqueo en sus planteamientos. Si bien comparto el planteamiento de que el Estado “no se atiene a la ley, no protege a la población y sí acude a las armas para que terminen favoreciéndose los intereses de una élite política y económica”, yo lo matizaría con que eso no siempre es así. Hay ocasiones en las que el Estado cumple su deber (para la muestra: http://t.co/W2nu0FVF) y hay veces en que sí protege a la población civil.

        Cuando digo que el Estado nos representa, de nuevo, no es porque en teoría debería ser así, sino que por nuestra condición compartida de connacionales colombianos, el Estado colombiano nos representa. No es en teoría, es en práctica que es así. Es al que le podemos revocar el mandato (bueno, yo no, pero los que votan) y ante quien instauramos todo tipo de peticiones legales y jurídicas sobre distintas situaciones: sean las denuncias por los falsos positivos, arreglar un problema de linderos con algún vecino o la lucha por la patria potestad.

        Yo también rechazo muchas veces esa representación (todos los crímenes de Estado, por ejemplo; cuando proponen negociar con los grupos terroristas y reducirles -aún más- las penas; cuando violan la sagrada separación entre la superstición y el Estado y cuando se abstienen de votar para que Palestina sea reconocida como país).

        En cuanto a Santos, creo que se encuentra más allá de nuestras posibilidades conocer los motivos por los que se opuso al conteo de cuerpos.

        En lo que tiene que ver con la marcha, creo que hay que distinguir entre convocarla y apoyarla. Hasta donde sé, fue convocada por la población civil indignada en general por las atrocidades de las Farc, cuya última gota que derramó la copa fue el asesinato a quemarropa con tiro de gracia y por la espalda de los cuatro miembros de la fuerza pública privados ilegalmente de su libertad hacía más de 10 años. En ese caso, el apoyo de Santos debería ser bienvenido, así como debería serlo cuando apoye las marchas en contra de los crímenes de Estado y el paramilitarismo.

        Le devuelvo el ejemplo: si hubiera una marcha en contra de la pederastia y el abuso de los menores de edad por parte de los sacerdotes, convocada por los familiares de las víctimas, ¿usted le daría el visto bueno? ¿aún bajo el supuesto de que el Vaticano la apoyara?

        Me parece razonable su reflexión sobre el contexto de las palabras. Buen argumento, aunque sigo encontrando que el adjetivo ‘terrorismo’ es pertinente usarlo con las Farc y Al-Qaeda. Carezco de un término que exprese mejor lo que pienso de “grupos criminales con completo desprecio por la vida ajena que siembran terror en la población civil por medio de las armas”.

        Estoy de acuerdo, también, en que el mundo no es teórico ni unívoco, sino práctico y equívoco y siguiendo ese orden de ideas, una marcha contra las Farc, rechazando todas las acciones que los hacen responsables de gran parte del conflicto nunca contará con todos los apoyos debidos ni estará exenta de los apoyos indebidos.
        En vista de que no es práctico -ni posible- convocar una marcha con los ‘ingredientes’ exactos de nuestro antojo, lo práctico -recurriendo al bien mayor, o al mal menor, según lo quiera ver- sería apoyar la marcha, haciendo las aclaraciones pertinentes, ¿no?

        Gracias por la invitación, me seguiré pasando (y si comento posts de hace años, es porque aparecen, por obra del espíritu santo si me permite la figura, en mi lector de fuentes).

        -D

  2. Perdón por meterme, pero me podrían poner algún ejemplo de “marcha” o “protesta” en Colombia que haya surtido algún efecto? Porque yo no recuerdo ninguna, y lo que si recuerdo es la gente estupidizada marchando sin norte alguno en contra de la “violencia”, mientras el Gobierno de turno, el estado en parte y obviamente los guerrilleros y criminales del país, se cagan de risa viendo 1 millon de idiotas con camisetas blancas en la plaza de bolivar gritando arengas contra que? contra el capitolio? contra la estatua de bolivar?, me explican por favor?

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