Votar no sirve para nada

No suelo escribir sobre política. No tengo los conocimientos suficientes para redactar un ensayo objetivo sobre los fracasos de la democracia o los crímenes del socialismo y el fascismo. Podría lanzarme a escribir un texto con menos argumentos y más pasiones, como a veces lo hago en mi blog con el tema de la religión católica, pero la política no me «pica» de la forma como lo hacen los diez mandamientos o los cuentos de hadas de la Biblia, pues, a pesar de ser sus motivos prácticamente los mismos ―engañar para dominar―, la farsa que subyace a la política es menos imaginativa que la de la religión, haciéndola menos interesante.

Cuando pienso en política, me viene a la cabeza el término «incomprensión». Y no solo incomprensión proveniente de mí mismo, sino de todas las partes involucradas. Los políticos no entienden las necesidades de los ciudadanos y la mayoría de los ciudadanos no entienden (o no quieren entender) las motivaciones reales de los candidatos por los que votan. Nuestro sistema político carece de lógica interna, o mejor, maneja lo que podría ser una «lógica de la antilógica»: decir una cosa y pensar otra, prometer una cosa y hacer otra, encubrir verdades y embelesar mentiras, robar a los pobres para dar a los ricos, es decir, a sí mismos, para luego asegurar que la plata no alcanza para tanquear dos camionetas de vidrios polarizados y llenas de guardaespaldas (cuando pienso en política también me viene a la cabeza «chiste de mal gusto»).

Esto no significa que considere los temas políticos poco pertinentes, pero sí los encuentro insípidos desde el punto de vista emocional y engañosos desde el punto de vista racional. Desconfío de las razones que abogan por una determinada causa porque casi siempre transpiran brotes de absolutismo enmascarado tras ideales de rectitud. Soy incapaz de defender «a capa y espada» una postura política porque tan pronto termino de enunciar mis argumentos a favor o en contra de una idea concreta afloran en mi mente decenas de contrargumentos a mis propias palabras. En general, no acierto a comprender bien la sucia maquinaria que alimenta de eufemismos una democracia colombiana tan podrida como inservible.

¿Cómo conciliar, por ejemplo, los actos y las palabras de los candidatos a la alcaldía de Bogotá? No entiendo cómo Mockus ha pasado de ser uno de los candidatos verdes, aliado con Lucho Garzón y Peñalosa, a ser el representante de una minoría que no le concierne realmente ―los indígenas―, a autodenominarse «independiente», otra vez, en una pataleta moral porque Peñalosa aceptó el apoyo de Uribe, siendo que el mismo Mockus, mientras era alcalde, fue felicitado precisamente por Uribe por implementar unas políticas autoritarias que parecían sacadas de la famosa y ahora desprestigiada seguridad democrática.

Tampoco entiendo cómo no se les cae la cara de la vergüenza a Peñalosa y Lucho al aceptar el apoyo de Uribe, después de haber moldeado sus discursos para hacerlos coincidir con el tono evangélico que Mockus usaba al proclamar que «la vida es sagrada» y «no todo vale». Tal vez sea una cuestión de léxico que se soluciona cambiando un poco el orden de los factores: «todo es sagrado» pero «la vida no vale»… o algo así. El discurso de un político, siempre y cuando escurra algo de lirismo y sea convenientemente confuso, no tiene que significar nada.

Y no entiendo cómo Petro ―a pesar de ser el único que a veces parece tener visos accidentales de lucidez― pudo votar por Monseñor Ordoñez en su momento, condenando a la miserable República Parroquial de Colombia a tener que soportar a un godo neurótico, manipulador y fanático religioso como su procurador durante los años de la seguridad democrática, cuando la vida pasó de valer poco a no valer absolutamente nada.

A veces pienso que la política colombiana no tiene ninguna utilidad real aparte de enriquecer a unos pocos y engañar a muchos ―sorpresa, como la religión católica― y que sus «avances» no pasan de ser reformas ilusorias poco duraderas (muy pronto se echará para atrás la sentencia que despenaliza el aborto) condensadas en ideales volátiles y, casi siempre, falsos.

Me aburre hablar de partidos políticos, elecciones y candidatos a la alcaldía casi tanto como me aburre hablar de fútbol, sobre todo porque en ambos casos todo el mundo, a pesar de patalear (como yo) en un pantano superficial de incomprensión, se cree un experto en la materia. Basta con tocar alguno de los dos temas para que todos quieran exponer ese modelo político infalible que sacará al país adelante o la alineación perfecta que hará que Colombia clasifique al próximo mundial. Pero ni lo uno ni lo otro parece que vaya a suceder pronto, cosa también incomprensible, habiendo tanto experto predicando sus teorías por ahí.

Me gustaría que alguno de esos versados en política me explicara, sin caer en el apasionamiento estupidizante y fanático que aqueja a casi todos los peones de Uribe, sin recurrir a esas cifras tan manipuladoras como manipulables sobre los avances en movilidad que encantan a los fans de Peñalosa, sin repetir los estribillos arrítmicos y vacíos del ex-acólito-casi-me-vuelvo-cura-la-vida-es-sagrada-pro-indígena Mockus, por qué habría yo de votar en las próximas elecciones. Pues nunca he creído que votar sirva para algo.

Votar es un acto insignificante que refuerza esa peligrosa ilusión llamada «democracia» cuya única finalidad es mantener quieta a la gente. Usted está participando, su opinión vale, usted es un ciudadano con voz y con derecho a exigirles resultados a sus gobernantes. El cielo es de los justos y el infierno de los pecadores, la cigüeña trae a los niños en su pico inmaculado y el ratón Pérez compra dientes usados. Vote, elija, participe.

Pero no es así. Como dice George Carlin, el único ciudadano con derecho a quejarse de sus gobernantes es aquel que no votó por ninguno. De hecho, los votantes son responsables de los desastres de su candidato y deberían, por lo tanto, cerrar la boca. Los que votaron en blanco pueden seguir en su neutral nubecilla de idealismo democrático criticando el derrotismo de los abstencionistas sin que nadie los escuche de verdad. Mientras tanto, los que no votamos por nadie seguiremos despotricando, así nuestro eje argumental sea la incomprensión y nuestros motivos sean el caos y la zozobra, y así esto no sirva sino para ponerles los pelos de punta a esos ciudadanos de principios que, sin entender por qué, votan por esa sonrisa con corbata que ni los entiende, ni quiere entenderlos. Que viva la democracia.

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Publicado en Kien&Ke el 19 de septiembre de 2011

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Comments
19 Responses to “Votar no sirve para nada”
  1. juan dice:

    Abrir el paraguas (“tan pronto termino de enunciar mis argumentos a favor o en contra de una idea concreta afloran en mi mente decenas de contrargumentos a mis propias palabras”) resulta comprensible, porque todos somos una sopa de contrargumentos en ebullición.
    A alguien le oí que la política es el resultado del silencio de un bando que deja voluntariamente que sobresalga el discurso contrario. Se es un “animal político” cuando uno empieza a ceder territorio. Despotricar también es una posición política, obvio. Uno cede la acción a otros. Que de ahí salga alguna idea sensata y (odio esta palabra) optimista, ya depende de que tanto esta uno dispuesto a no cederla.

    • Claro que despotricar es una posición política, así como abstenerse de votar es una acción. De hecho, votar solo porque eso es “lo correcto” (tratan de vendernos la idea de que la abstención es una postura ilegítima) es un monumento a la inacción y la apatía. En Colombia, en donde los candidatos suelen ser payasos o ladrones o criminales, me atrevería a decir que la mayoría de la gente vota por conformismo político y pereza intelectual, no por convicción.

      Además, la abstención habla de la situación política y social del país. En las elecciones presidenciales de los últimos veinte años, la constante es que más de la mitad de los votantes potenciales se hayan abstenido de votar. Posiblemente muchos lo hayan hecho, también, por pereza o conformismo. Pero eso solo demuestra que el sistema político colombiano no inspira ni confianza ni interés ni credibilidad entre sus ciudadanos. ¿Y por qué habría de hacerlo?

      Gracias por su comentario.

  2. Nicolás, más o menos a las mismas conclusiones he llegado yo. Eso sí, haciendo un ensayo no-objetivo (¿Y por qué habría de ser objetivo? ¡Es un ensayo!)

    Siempre es emocionante encontrarme con otro abstencionista ilustrado: http://bit.ly/f4wJHf

    Un saludo,

    -D

  3. Boris Wolkow dice:

    Es cierto, no hay nada más engordador y enorgullecedor que convencer a alguien con argumentos propios de un tema que realmente no entiende, ni le pertenece, ni con el cual se marcará una diferencia; aparte de unos momentos de satisfacción propia y en el mejor o peor de los casos un voto más para el candidato gracias a la coherencia argumentativa de un fiel devoto.

    • Sí, se me pasó decir que la incomprensión generalizada que suscita la política entre un sector de la población no solo contribuye a alimentar las billeteras sino los egos de los políticos. Muchos llegan incluso a atribuirse a sí mismos el papel de seudomesías, como pasó con ése que duró ocho años trepado en un pedestal de verdades falsas.

  4. manu dice:

    Dice Bertolt Brecht (1898-1956) que “el peor analfabeto es el analfabeto político. El que no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
    El que no sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pescado, la harina, del alquiler o de sus medicamentos, dependen de las decisiones políticas.
    El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política.
    No sabe, el imbécil, que de su ignorancia nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos que es el político corrupto y el lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

    Y SI VOTAR NO SIRVE PARA NADA ? CON LO QUE PUEDO ESTAR DE ACUERDO COMO HACEMOS POLITICA QUE LO ES TODO? si no hamos politica somos victimas de la politiqueria.

    • En Colombia, en donde una pequeña élite ha dominado la política desde sus orígenes, es más que evidente que el voto del pueblo es insignificante. La presión política, las amenazas, la compra de elecciones han estado presentes desde la independencia. Todos saben que en Colombia, votar no siempre es elegir. De hecho, el abstencionismo creciente es, entre otras cosas, una consecuencia de esta caricatura de democracia.

      No se puede afirmar que la gente que participa sea menos o más analfabeta que quienes se abstienen de votar, pero sí es un hecho que la educación en Colombia es insuficiente. Y esto no es en vano: los políticos más politiqueros saben que un pueblo sin educación es una fuente inacabable de potenciales votantes. Otra marca de que el sistema no funciona.

      Por otro lado, el abstencionismo no siempre es sinónimo de apatía política. Al contrario, puede ser una acción muy política que desprestigia y deslegitima este sistema enfermo y disfuncional. Quienes defienden la democracia a capa y espada solo por rectitud política están tomando la salida fácil: «Yo voto, yo estoy ayudando». Pero si, como dice Brecht, el «analfabeta político» da origen a la prostituta y al asaltante (qué afirmación más fascista), el votante empedernido que cree que salvará su patria con su voto ES la prostituta y, peor aún, el cómplice del político corrupto y de su sistema putrefacto.

      Gracias por su comentario.

  5. Julinho Botello dice:

    Yo siempre he creido que cuando los colombianos pierdan el derecho al voto como pasa en algunas “democracias” vecinas o al otro lado del mar tal vez valore y entienda lo que una democracia participativa significa y por tanto participe significativamente.
    A proposito de Mockus, profesor Antanas me que de esperando mi tamal, quien sabe depronto me lo enviaron via FedEx y resulta que “The World ain’t on Time after all!

    • En Colombia podría pasar lo contrario: no que se pierda el derecho al voto sino que se imponga el voto obligatorio. Democracia para todos, gústenos o no. Irónicamente, este panorama no se distancia mucho de las democracias dictatoriales en donde el voto no es un derecho ni una opción.

      Reitero, para mí el abstencionismo es una forma legítima de participación política. Y es la que más les molesta a los que defienden la “democracia” a capa y espada, lo que significa que algo de bueno debe tener.

      Un saludo.

  6. Jesús Antonio Ramón Melo dice:

    Estamos de acuerdo en la verguenza social en la que ha caido la democracia, manipulada por por todo tipo de personajes representantes de de nuestra institucionalidad en las que podenos distinguir los diferentes grados jerarquicos representados en politicos que tratan de convocar la conciencias para sus intereses sin que importen la razon y dignidad.
    El abstencionismo como remedio ala enfermedad politica, resulta más lesivo que el afan de protagonismo y el sentimiento de vender la pureza de la imagen del candidato como el unico camino a la salvacion social.
    Considero que ante este drama sociologico de incomprension e impotencia, yo optaria por interrumpir el paso de la corrupcion e imponer mi criterio como candidato a lo que creo yo, seria la democracia y la ventaja que tendria la sociedad al proponer un proyecto coyuntural que satisfaga la necesidad social de cambio.
    Amigo Nicolas, su fundamento lo respeto por ser su punto de vista al considerar la abstenciopn como respuesta ala problematica, pero si se coloca al lado opuesto y propone su proyecto politico, probablemente la abstencion sera cosa del pasado para los abstencionistas.

    Jesus A. Ramon Melo

    • Amigo Jesús, no creo que el abstencionismo sea el remedio a la enfermedad política porque no creo que haya remedio alguno. Para proponer un proyecto político habría que jugar el juego de la democracia, es decir, volverse como los candidatos que el abstencionismo elige ignorar por incompetentes, por ladrones, por payasos, por mentirosos.

      En mi opinión, el panorama político nacional es, como lo llamaría Antonio Caballero, un “Sin remedio”.

      Gracias por su comentario.

  7. Antonio dice:

    Me parece que el hecho de no votar es algo equivocado. Y más cuando cita a Carlin. Primero, porque si la persona vota, significa (en el fondo), que apoya un programa de gobierno (sea el que sea), y por ende si no es cumplido, puede reclamar.
    El abstencionismo es sencilla y física pereza. Si todos los que se quedan en la casa el día de votaciones votaran… las cosas podrían ser muy diferentes. Digamos que los de la “nubecilla de idealismo democrático” gane las elecciones… ¿Tiene idea de qué cosa pasaría? Ha leído alguna vez a Saramago, pues en Colombia pasaría exactamente lo mismo. Depronto así se pueden depurar candidatos, ser razonable… el voto es un derecho, infortunadamente no es considerado un deber

    • El abstencionista debe justificar su postura con argumentos: de lo contrario sí es un perezoso. Pero también pienso que mucha gente vota porque le da pereza asumir la carga que trae consigo el decidir no participar. El otro día, alguien me dijo: “A mí no me gusta ningún candidato pero prefiero votar para que no me tilden de indiferente”… porque, claro, lo que más importa en este caso es el qué dirán. ¿No es esto sencilla y física pereza de justificar con argumentos una muy legítima postura de insatisfacción para con los candidatos y el sistema?

      El triunfo del voto en blanco es una idea maravillosa pero que solo funciona en los libros. ¿Qué cree que pasaría en Colombia si se impusiera el voto en blanco? ¿Cuáles candidatos entrarían a reemplazar a los que no quedaron? ¿Vio que un grupo de vivos se las estaba ingeniando para robar los votos en blanco cobrándolos como financiación de campaña por votos recibidos?

      En un sistema que funciona, el voto en blanco es la decisión correcta cuando los candidatos no dan la talla. En Colombia, en donde incluso el voto en blanco es un papayazo para que más gente robe, estafe y engañe, el abstencionismo es la única elección viable. Además, como el voto, el abstencionismo también es un derecho.

      Gracias por su comentario.

      • Jesus Antonio Ramon Melo dice:

        Amigo Nicolas, nuevamente entablo esta agradable controversia entre lo bueno y lo malo de la democracia. Desde la epoca en que los Griegos trataban de darle forma a su sociedad, creando fundamentos politicos que les permitiera normatizar la conformacion de la misma y a travez de la historia, este legado ha llegado a tambien a formar parte de nuestra estructura social.
        De hecho nuestra naciente y debil democracia se rige por los conceptos de voto creados en tiempos muy remotos, y ello ha servido para que nuestra cultura asuma la responsabilidad escoger quien dirija el rumbo de la colectividad. Que se haya tergiversado el fundamento es cuestion de lo que hoy conocemos como la vulgar corrupcion.

        El caso de Bello Antioquia nos demuestra que la corrupcion se puede y es facil vencer, y para ello se requiere la voluntad del pueblo. El voto es tan importante que se demostro que ante la carencia de oportunidad social, el voto blanco, como manifestacion de rechazo a la corrupcion, gano una eleccion.

        Si ese 51% de electores de voto blanco hubiesen sido abstencionistas, el candidato unico seria el amo y señor de la situacion.Pero afortunadamente la comunidad lo retiró de la contienda mediante esta manifestacion democartica.

        No esta lejos que en el pais se presente un caso semejante en la contienda presidencial y a congreso. Reflexionemos sobre los beneficios de un criterio que bueno o malo eso lo dira la historia

        Saludos Jesus Melo

    • Jesus Antonio Ramon Melo dice:

      Amigo Antonio, votar es una cuastion de compromiso social y democratico, estamos de acuerdo, pero la tergiversacion de este derecho ha hecho que se deforme nuestra sociedad y la convocatoria a eleccion se convierta en espectaculo circense. Ante este panorama, más del 50 % de la poblacion apta para elegir, se abstiene de participar.
      Este hecho hace que nuestra sociedad sea castigada y por una decision equivocada al considerar que el remedio al mal es la abstencion y seamos expuestos a una corrupcion sin limites, pues al noparticipar, practicamente la estamos avalado.
      Celebro la desicion de la comunidad de Bello que siguiendo el ejemplo de la convocatoria a eleccion para el Parlamento Andino, que se voto en blanco, se logro retirar de la contienda al UNICO CANDIDATO QUE SI SE HUBIERAN ABSTENIDO DE VOTAR, ESTE TIPO ACABARIA CON EL PUEBLO PUES LA CORRUPCION LO HABIA COLOCADO ALLI CONTRA VIENTO Y MAREA..

      Mientras nuestra sociedad toma conciencia del poder del voto, trataremos de motivar la presentacion de propuestas politicas serias que logrenatraer al esceptico.
      cordial saludo Jesus Melo

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