Libros crudos I: calentao y lechona

La serie de textos que hoy comienzo se llama Libros crudos porque sus personajes principales son un par de libros que aún no están cocinados. Están, digamos, preparados y listos para meter al horno, pero aún no se pueden ni engullir ni masticar ni tragar.

El primero lo comencé a escribir hace dos años y medio y lo terminé hace seis meses. El segundo lo comencé hace seis meses y lo terminé ayer. El primero está menos crudo que el segundo. Pero igual ambos están incomibles (todavía), pues necesitan acabar de calentarse, cocerse y dorarse por encima. Necesitan encontrar un plato y muchos comensales. Por eso, aún no han salido a la luz pública.

Cada uno tiene un título que, por razones obvias, no diré. En cambio, los bautizaré con pseudónimos. Así tendré la libertad de hablar de ellos, al menos hasta que salgan del horno y sus títulos cobren sentido.

Al primero, que es disperso, revoltoso, sexual, desordenado, violento y algo perverso, lo llamaré Calentao. Es un nombre que me remite a un plato multisabores en medio de una carretera colombiana, sentado a una mesa llena de camioneros con vientres de barril. Me gusta la ambiguedad de ese recuerdo: el placer de estar en medio de ningún lado y el dolor de saber que algún día tendré que regresar a alguna parte. En ese sentido, se parece al argumento y estilo de mi primer libro.

Calentao no es para todo el mundo. Podría asegurar que la mayoría lo va a encontrar demasiado fuerte.

Al segundo, que es cerebral, rápido, desenvuelto, cómico, impredecible e irónico, lo llamaré Lechona. La palabra en sí misma me saca una sonrisa por su música, y cuando recuerdo que está ligada a la imagen de un cadáver de cerdo relleno de arvejas y arroz con un gesto alegre en su hocico, me saca una carcajada. Así es mi segundo libro, sus personajes y su historia: no un cadáver exquisito sino un cadáver chistoso. Lechona. Un cadáver sabroso.

Lechona es más fácil de digerir. Creo que a muchos les va a gustar, sobre todo a los auténticos carnívoros.

Así que bienvenido a Libros crudos, amigo lector. Espero disfrute mis divagaciones gastronómicas.

Imagen:
Rossina Bossio, Mis quince (detalle) (2010)

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