La gente que sonríe más de la cuenta me aburre

La gente que sonríe más de la cuenta me aburre. Y sin embargo, en general, la gente me gusta. Sobre todo si están solos. Porque sí, la gente en grupo es idiota. Como  los hinchas de fútbol o los fanáticos religiosos. Idiotas todos.

He hablado con gente de muchas procedencias. ¿Qué importa de dónde viene la gente en todo caso? Lo único que importa es que sean transparentes. Y eso solo parece ser posible cuando están solos. Estar solo es una garantía de transparencia, y por eso no hay político limpio. Siempre están acompañados de sus farsas, o de sus dogmas, o de sus intereses. Están podridos por dentro y por fuera.

Ahora hay un nuevo debate sobre la eutanasia. No veo cuál es el enredo. Si yo me quiero morir, ¿quién tiene autoridad moral para decirme que no puedo hacerlo? Es un debate más simple que el del aborto. Me quiero morir porque no quiero seguir viviend, punto. ¿Cuál es el argumento en contra? Claro, me voy a ir al infierno. ¿Y qué importa? Usted no me va a hacer compañía porque usted es una persona virtuosa. Usted se va para el cielo.

Así que mejor no se meta.

Creo en la individualidad, en la individualidad por sobre todo, y a pesar de ello, respeto algunas creencias colectivas. Algunas creencias pendejas, sobre todo cuando no me están tratando de salvar. Pero, en general, soy un materialista individualista. ¿Y a usted qué le importa? Soy yo el que se va a quemar en el infierno, no usted. Soy yo el que cree que la compañía del demonio y sus putas alcohólicas es mejor que la compañía de sus amigos vírgenes. Así que regocíjese de su superioridad moral y no venga a molestar. Usted es mejor persona que yo, y a mí no me importa. Yo soy un paria feliz. No me salve, por favor. No pierda su tiempo.

La música y la impredictibilidad de las cosas mueven mi mundo. No necesito de nada más. Su compasión y su preocupación por el destino de mi alma me entretienen de vez en cuando, sobre todo cuando estoy buscando motivos vacuos para reír sin pensar. En general, me basta con escuchar la música que me gusta e ironizar sobre la estupidez de quienes me quieren salvar. Como usted. Usted me entretiene, pedazo de huevón. Su virtud es mi orgasmo. Su rectitud es mi ataúd de hielo. Gracias, pendejo, gracias por hacerme reír.

Padre nuestro que estás en el cielo. Petrificado sea tu miembro. Venga a nosotros tu farsa. Haznos reír con tu pantomima. Amén.

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Imagen: Jenny Saville

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