Los riesgos de no estar asegurado

Las últimas dos semanas, estuve ayudando a organizar una exposición individual de una artista colombiana aquí en Rennes. En esta ciudadcilla de estudiantes, en donde abundan los hippies y los herederos de la revolución de mayo del 68 (que aún hoy se traduce en un sentimiento antigringo en el 90% de los franceses, encubriendo lo que en realidad es una mezcla de envidia y miedo), el buen arte pasa dificultades para hacerse conocer. Los franchutes prefieren el arte conceptual, ese que presume decir mucho a través de discursos seudointelectuales y desplantes de una mal llamada “irreverencia”, cuando todos saben que el único acto de auténtica irreverencia contra un francés es hablarle en inglés (o cualquier idioma que no sea el suyo) porque no entiende nada.

Nos las ingeniamos para que nos prestaran un local en el que solía haber un restaurante polaco que permanecería vacío durante todo el mes de octubre. Pintamos las paredes de blanco, ajustamos luces, compramos vino y cosas para picar, y emprendimos una campaña publicitaria intensa con la idea llegarle hasta el último ex-revolucionario del 68. La inauguración fue un éxito y las obras estarían colgadas hasta la primera semana de noviembre.

Los términos del acuerdo con la señora polaca quedaron claros desde el comienzo: nosotros pintaríamos el local, ella prepararía cosas de comer a un precio razonable para el día de la inauguración y, si las ventas eran buenas, se le daría comisión por venta. Todo marchaba como previsto hasta que, esta mañana, tres días después de la inauguración, hizo su entrada el marido de la polaca, un francés arrogante que nunca formó parte de las conversaciones previas. Este sujeto, viendo que la asistencia a la inauguración había sido considerable, no dudó en exigirnos que pagáramos el mes de electricidad del local y que, además, lo aseguráramos. Su argumento fue el siguiente:

―Imagínese que una persona que está viendo la exposición se rompa los dos brazos… ¡mi mujer sería la responsable! ¡Tienen que estar asegurados!

Esas fueron sus palabras.

En Francia es obligatorio asegurar los inmuebles que uno arrienda y, evidentemente, el francés y su mujer no querían encargarse de hacerlo. Pero nosotros tampoco aceptamos sus nuevas exigencias porque no coincidían con lo que habíamos acordado en un principio. Hubo gritos e insultos.

Ahora, tal vez al hombre realmente le preocupaba el bienestar físico de las personas que visitarían la exposición. Todos saben lo fácil que es romperse los dos brazos cuando se camina en círculos a dos kilómetros por hora mientras se miran obras de arte colgadas de una pared. Los expertos aseguran que los riesgos de esta actividad son comparables a los de una clase de equitación para niños ciegos, parapléjicos y con síndrome de down realizada en campo abierto durante una tormenta eléctrica. El peligro está en todas partes.

La historia también nos brinda sabios ejemplos al respecto:

A finales de 1492, la Santa María, la mayor de las carabelas de Cristóbal Colón, encallaba en unas rocas y quedaba inservible para navegar. Con sus restos, Colón fundó la primera construcción occidental de América en la isla de Haití, el 25 de diciembre del mismo año, dándole el nombre de Fuerte Navidad. El 4 de enero siguiente, Colón partió a España dejando a treinta y nueve hombres armados y aprovisionados bajo las órdenes de Diego de Arana. Al regresar en septiembre, encontró que los españoles habían sido masacrados por los aborígenes y que el fuerte había sido destruido. El problema es que en la época no existían los seguros.

Afortunadamente, hoy en día la cosa es diferente. Y quién quita: algo parecido pudo habernos ocurrido a nosotros durante la exposición.

Así que, estimado lector, no dude en asegurarse, no dude un segundo en asegurarlo todo. Es la única forma de evitar tragedias muchas veces de alcance inimaginable. Nosotros, por ejemplo, no pensamos en asegurarnos contra la arrogancia, la estupidez y el oportunismo de este miserable francesín de mierda. Ahora, al menos yo, tengo que lidiar con las consecuencias: un maldito infierno mental que no me permite dejar de desear que un mal rayo parta su flácido pescuezo, o que un incendio se trague hasta la última ceniza del nuevo local del restaurante polaco de su esposa.

Igual tampoco sería grave: sin duda están asegurados.

Imágenes:
Julia Fullerton-Batten
Mia Mäkila, The others (2007)

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Comments
6 Responses to “Los riesgos de no estar asegurado”
  1. Anonymous dice:

    >uy que cantidad de odio hay aquí, aunque con humor y eso es bueno.Pero me gustan más tus otros escritos.

  2. Anonymous dice:

    >Me gusta mucho esta forma agil de narrar y dar opiniones. Un saludo desde Bogota ciudad donde no sirve para nada estar asegurado porque sisempre sales perdiendo de todas formas.

  3. PATRICIA dice:

    >Franchute mamerto…Un simple oportunista que como buen mamerto,se escuda en razones valederas para defender posiciones insostenibles.Ahora bien: en el contrato de seguro, el seguro lo toma quien se verá perjudicado patrimonialmente.Si el cree que le van a cobrar a su esposa los dos brazos del que se lesione (podría ser Tiger Woods!!), pues es ella la que se debe asegurar. Y si el local es de ella, pues lo mismo.Lo que ustedes deberían asegurar, es el contenido de la exposición, pues podría aparecer un marido celoso y machista que incendie las obras de arte… JAJAJAJAEs que lidiar con mamertos es cosa seria…

  4. Anonymous dice:

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